Disponer de la fuerza de voluntad suficiente para ir a denunciar una violación y participar en un tedioso proceso judicial constituye una prueba de que tal violación no se ha producido. Este es el argumento esgrimido hoy por el Ministerio de Justicia, que ha anunciado una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para permitir que cualquier juez pueda desestimar automáticamente una denuncia de agresión si se demuestra que la supuesta víctima “estaba suficientemente animosa como para salir de casa e ir a poner una denuncia en vez de quedarse encerrada hecha un ovillo”.

En los casos en los que la denuncia no la haya interpuesto directamente el supuesto agredido, el hecho de que éste acuda a una citación o a un juicio también será motivo para anular el procedimiento legal, “dado que es imposible que a una auténtica víctima le apetezca siquiera salir de casa o hablar del tema”.

“La ley está para proteger a la ciudadanía de agresiones de todo tipo, pero se sobreentiende que alguien capaz de caminar hasta la comisaría, pedir turno y detallar lo que le ha ocurrido en múltiples ocasiones ante desconocidos no ha sido objeto de un daño suficientemente relevante como para que un juez deba intervenir”, explica el ministerio en un comunicado.

La decisión se ha tomado después de detectarse numerosos casos de individuos que, habiendo sufrido una supuesta agresión, eran capaces de personarse en una comisaría “milagrosamente, pese a haber sido agredidos según su propio testimonio”.

“A mí me ‘hostian’ o me violan o me dan una paliza y no tengo el cuerpo como para salir de casa y meterme en juicios o denuncias, sinceramente, es absurdo”, comentaba en tono informal un magistrado de la Audiencia Nacional después de anunciarse la modificación de la Ley de Enjuiciamiento.

La única prueba que confirmaría que la víctima ha sufrido realmente una agresión es que no pueda dejar de llorar y no sea capaz de explicar lo que le ha ocurrido, lo que a su vez lógicamente imposibilita el trámite judicial.