Después de muchos años comiendo huevos Kinder, los niños han dejado de sorprenderse al encontrar juguetes escondidos en su interior. Por ello, a partir de ahora, la línea infantil de la marca Ferrero venderá los huevos vacíos sabiendo que esa es ya la única manera de provocar su sorpresa. “Una sorpresa desagradable también es una sorpresa”, aclaran desde la dirección de marketing.

“Pensé que no había nada, pero tras reflexionar entendí que lo que había dentro era más valioso que cualquier otra cosa”, se sincera Antonio Fonseca, de seis años, uno de los primeros niños en exponerse a la nada después de comerse un huevo Kinder. “Te hace reflexionar sobre lo bien que digerimos el chocolate y lo mal que digerimos la frustración hoy en día”, argumenta la criatura.

“Abrí el huevo esperando encontrar un juguete y al final me encontré a mí misma”, explica Macarena Aguilera, de cinco años. “Con un cochecito puedes jugar cinco minutos pero con un espacio vacío puedes reflexionar toda la vida”, insiste la niña. “Cuando empecé a comerme el chocolate, nunca imaginé que era yo la que se encontraba en el interior, de alguna manera, porque nuestro yo no deja de ser como un huevo disponible para ser llenado de experiencias”, reflexiona. “Nuestra identidad no es un recipiente con cosas ya hechas que tengamos que ir montando, el yo es pura apertura y somos nosotros los que debemos llenar ese huevo de vivencias, eso es realmente la vida”, explica.

Las ventas de Kinder Sorpresa se han multiplicado con esta nueva estrategia comercial. Los niños han entendido que ahora, en el interior de los huevos, pueden encontrar todo lo que sueñen. “El único límite está en mi propia imaginación”, reconoce otro niño con la mirada fija en el recipiente vacío de plástico. “En el fondo, el vacío no está en el huevo sino en la mirada”, dice.

Viendo el éxito de su nueva estrategia, Ferrero valora ahora lanzar huevos Kinder rellenos de brócoli, lechuga o filetes de merluza para fomentar una alimentación sana. “Esto ya sería perfecto. El chocolate no era más que un trámite para satisfacer el ansia por algo nuevo en el interior del huevo. Si sustituimos el chocolate por algo sano que nos alimente al tiempo que estimule nuestra reflexión, ya será perfecto”, confirma Rubén Martínez, de cuatro años.