Todos los españoles que lamentaron en su día el robo de la antena de su coche han entendido hoy que formaron parte de un gran proyecto de ingeniería europeo, una iniciativa privada liderada por un solo hombre: Avelino Merino, ingeniero ya jubilado natural de Madrid.

Rodeado de unas enormes medidas de seguridad, Merino, el señor que durante más de cuarenta años se ha dedicado a sustraer las antenas de radio de decenas de miles de coches, ha inaugurado hoy en Valdemanco (Madrid) la torre de telecomunicaciones más grande de Europa. “Dedico este logro a todos los automovilistas que, sin saberlo, han aportado su granito de arena. Bueno, su antena, concretamente”, ha declarado este ingeniero nada más cortar la cinta que robó años atrás en la inauguración de un centro comercial.

Avelino comenzó robando la antena de un Seat 1850 en el año 1965 porque le habían robado la suya. “Vi lo fácil que era apropiarse de una antena y entendí al que me la había robado a mí. Y no pude parar. He llegado a desenganchar antenas con el coche en marcha”, presume. Pronto llegó a disponer de varios cientos de ejemplares en casa, que le inspiraron para diseñar el proyecto de una gran torre de comunicaciones “y devolverle así a la sociedad todo lo que sin querer me había dado”.

La antena de telecomunicaciones de Avelino ya abastece de radio, televisión y telefonía móvil a toda España. Funciona gracias a la interconexión de miles de antenas de coche “cedidas” de forma involuntaria por los conductores españoles.

Tras haber comprobado que su antena de telecomunicaciones emite con éxito, Avelino Merino ya ha adelantado su próximo proyecto: una gran estrella de metal formada por miles de pequeñas estrellas de coches de la marca Mercedes-Benz. “Telescopios de todo el mundo podrán fotografiarla y se verá a simple vista a kilómetros de distancia”, asegura.