Un estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente presentado esta semana alerta de que el calentamiento global obligará a los hombres a sobrevivir en un nuevo entorno para el que su anatomía no habrá tenido tiempo de adaptarse. El informe se refiere, entre otros desafíos, a la necesidad de seguir manteniendo la temperatura de los testículos 1,3 grados centígrados por debajo de la temperatura corporal. Algo que hasta ahora se consigue con un escroto situado en el exterior del cuerpo, medida que no será suficiente si la temperatura terrestre aumenta al ritmo al que lo está haciendo.

“La fertilidad de los hombres y, por tanto, la continuidad de la especie, depende en gran medida de que los espermatozoides puedan madurar a la temperatura adecuada. Para ello, habrá que diseñar de otro modo los pantalones y la ropa interior, aceptando como una convención social el hecho de airear los genitales por sistema y en cualquier contexto”, explican los expertos. En los meses más calurosos, no se descarta que haya que sentarse encima de bolsas de hielo “para que no se arruine la cosecha espermática”.

Aunque estos cambios no empezarán a imponerse hasta 2089, la Agencia Europea plantea la conveniencia de ir acostumbrando a la población para que el proceso se realice de forma gradual “y los testículos al aire se vayan implantando en las nuevas generaciones como algo natural”.

El climatólogo James Hansen va un paso más allá de la agencia europea y llega a afirmar que el nivel del mar, en unos pocos años, subirá hasta el punto de que el agua acariciará el escroto de los hombres que lleven los testículos a la intemperie. “El agua será un aliado natural a la hora de mantener las gónadas a la temperatura idónea, y su vaivén provocará un agradable cosquilleo”, sentencia Hansen, quien añade que ésta es, probablemente, “la única buena noticia que nos depara el calentamiento terrestre”.