Cada día, miles de conductores españoles se pierden al circular por las ciudades debido a las diferencias entre los trazados físicos y los de los mapas digitales. Para resolver este problema, Google ha endurecido sus directrices internacionales forzando a los gobiernos de todos los países a eliminar las calles, los edificios y los accidentes geográficos que no estén registrados en Google Maps.

El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, insiste en que el plan de ajustes, que costará más de 300 millones de euros, es “un importante paso adelante para adaptar España al mundo digital”. Esta mañana, el ministerio ya ha empezado a notificar a los ciudadanos afectados por esta medida.

“He recibido un burofax que me dice que nuestro edificio será demolido en febrero de 2018 ‘cumpliendo el nuevo plan de ajuste urbanístico a la cartografía digital’. Por un lado siento indignación pero, por otro, alivio porque estaba un poco harto de tener que guiar a la gente hasta aquí, los repartidores siempre se acaban perdiendo”, comenta uno de los primeros españoles notificados.

No todos los afectados se lo toman con filosofía. Decenas de ciudadanos que viven en las calles que no aparecen en Google Maps se han movilizado esta mañana, pero sus protestas no han tenido ninguna visibilidad porque ningún medio de comunicación ha logrado encontrar la ubicación en la que se efectuaban las protestas.

“Lo que no puede ser es que nuestros usuarios se pierdan por culpa de calles y carreteras que no deberían estar ahí”, argumentan fuentes de Google desde la sede central de la compañía en Mountain View. “Si no eliminan las calles que sobran dejaremos de operar en España y tendrán que utilizar Yahoo”, amenazan.

No es la primera vez que España tiene que ceder en una situación semejante. A mediados de los años sesenta, el Gobierno de Franco sucumbió a las presiones de la empresa de edición cartográfica Telstar y pintó toda su superficie de amarillo para que coincidiera con el color que le habían puesto en los mapas.