Las viviendas ecológicas están de moda y son mucho más que casas con huertos y placas solares. Reutilizar recursos, aprovechar la energía natural para que la vivienda funcione y, sobre todo, ahorrar mucho en nuestras facturas, es una tendencia creciente. Así que, si quieres convertir tu casa en una vivienda ecológica, a continuación te damos las claves para hacerlo.

Construye tus muebles con barro. Deja de contribuir a la deforestación de nuestros bosques, tira todos los muebles de madera que tienes en casa, quémalos y empieza a construir tus propios muebles con barro. Si te aburres de ellos, sólo con echarles un poco de agua podrás rediseñarlos y estar siempre a la moda.

Utiliza tus propios gases para calentar las habitaciones. En lugar de contribuir a gastar un bien limitado como el petróleo, sólo necesitarás de un bien ilimitado como es la fabada asturiana. Al principio el olor nauseabundo que impregnará tu casa podrá parecerte un problema, pero a las dos semanas estará tan adherido a ti que ni siquiera lo percibirás.

Deja de cocinar los alimentos y cómete la comida cruda. No es sólo que las cocinas funcionen con gas o electricidad, es que para fabricar cada sartén se necesita una media de 250 árboles de teflón. Comienza a ingerir tus alimentos sin cocinar, totalmente crudos. Ayudarás al planeta y también a tu bolsillo, pues se acabó el comprar aceite de oliva o molestas especias como el perejil.

Empieza a hacer tus necesidades en un barril. Cada vez que tiras de la cisterna del váter el nivel del agua del océano sube un 0.05%. A este ritmo, para 2030, tú solo habrás contribuido a la completa desaparición de países como Holanda o el Chad. Si en lugar de hacer tus necesidades en el váter las depositas en un barril enorme, podrás ir almacenándolas allí y ayudar a preservar la vida en la Tierra.

Tápate con lechugas en lugar de usar mantas. Las mantas son un peligro para el medioambiente. Las mantas contribuyen a mantener la temperatura del cuerpo humano evitando que ésta se vaya, generando una especie de efecto invernadero a pequeña escala. Pero, si le hacen eso a nuestro cuerpo, ¿qué no le harán a nuestro planeta? Utiliza lechugas y otro tipo de vegetales para taparte por las noches y deja de cargarte el planeta con tanta manta.

Haz un agujero enorme en el suelo. Lo más profundo posible. Todavía no sabemos por qué o para qué puede servir exactamente, pero es mejor que empieces a cavar cuanto antes. En un agujero siempre se pueden hacer cosas. Da igual lo duro que esté el suelo, debes dedicarle todo el tiempo que sea necesario, hay que terminar ese agujero como sea.

Desvía la electricidad y los demás suministros de tu vecino hacia tu casa. Con lo que gasta uno podrán vivir dos y proteger así al planeta. Los recursos de nuestro planeta son limitados, si utilizas los de tu vecino, además de ahorrar un buen dinero en la factura del mes, estarás contribuyendo a que tu vecino utilice menos recursos porque aflojará el ritmo para evitar arruinarse.

Derriba tu techo para poder almacenar el agua de la lluvia. Si conviertes tu casa en un depósito de agua gracias a la ausencia de un techo que evite que la lluvia llegue a entrar, no sólo ahorrarás en agua corriente sino que, con el tratamiento adecuado de potabilización, podrás incluso ahorrar en el supermercado. Por no hablar de la comodidad de desplazarte flotando de una habitación a otra sin la molesta necesidad de tener que ir caminando.

Elimina las paredes para facilitar la entrada de los rayos del sol. Las paredes son lo peor que hay. No sólo evitan que el sol entre en tu casa calentándote e iluminándote de manera natural, las paredes también sirven para separarnos de los demás, para fraccionar a la sociedad. Ya vale de poner barreras entre nosotros, la sostenibilidad también va de ser mejores personas, tira tus paredes y empieza a tener más contacto con tus vecinos.

Planta un árbol en el lugar en el que estaba tu casa para vivir en él cuando crezca. Ya sin techo ni paredes, podrías pensar que vives a la intemperie sobre unos cimientos ruinosos que no hacen daño a nadie, pero la verdad es que siempre se puede ser más sostenible. Borra cualquier rastro que delate la existencia previa de una casa tradicional, planta un árbol y espera pacientemente unos años hasta que crezca lo suficiente como para poder meterte a vivir debajo.