Sin importarle la cercanía de sus genitales a la cara de la persona de la taquilla de al lado e ignorando por completo la desnudez de su cuerpo, Osorio Mantecas, un anciano de 71 años que se encontraba en el vestuario del gimnasio esta mañana, ha decidido entablar una conversación antes de empezar a vestirse, según han informado diversos testigos.

“Nos habíamos mantenido en silencio durante todo el rato, pero cuando volvió de la ducha y se empezó a secar, decidió darme conversación”, asegura el joven que se encontraba a su lado en el momento de los hechos. “Me iba hablando mientras se secaba los genitales con total naturalidad”, continúa. “Claramente le gustaba estar desnudo”, insiste.

“Incluso me siguió hablando cuando se agachó para coger el reloj de la taquilla”, añade.

“Lo peor fue cuando puso el pie sobre el banco en el que yo estaba sentado y después apoyó su codo en la rodilla para hablarme”, relata el joven todavía afectado por lo sucedido. Poco después, otro anciano completamente desnudo se unió al debate con los brazos cruzados y una toalla sobre el hombro. Los dos ancianos desnudos estuvieron hablando delante del joven hasta que apareció un tercer anciano desnudo.

“Hubo un momento en el que estaba yo sólo con al menos diez ancianos desnudos hablando”, se sincera el afectado, que ha tenido que retrasar todos sus planes porque en estos momentos sigue atrapado en el interior del vestuario.

Muchos directores de gimnasios consideran que las bajas cifras de asistencia a los centros se deben en gran parte a los ancianos desnudos que intentan entablar conversación en los vestuarios. “Es gente que en la calle, con ropa, no te daría ni los buenos días, pero cuando se desnudan en el gimnasio no pueden evitar hablar de lo que sea”, apunta el director de un gimnasio de Córdoba. Algunos gimnasios ya están creando vestuarios exclusivos de ancianos desnudos para que hablen entre ellos sin incomodar a los demás asistentes.