El pasado mediodía, en el restaurante chino de Barcelona “La muralla condal”, Narciso Cañas, de 44 años de edad, decidió pedir un plato repugnante pero auténtico con el único objetivo de impresionar al camarero. “Siempre pedimos lo mismo pero hay cosas más allá del rollito de primavera”, argumenta, confesando que le molesta “parecer otro paleto más”.

Con el único objetivo de aparentar un amplio conocimiento de la gastronomía china, Narciso eligió el “Huo guo o hot pot” sin saber qué era. El plato resultó ser el más caro de todo el menú, pero el comensal, que no pudo evitar una mueca de asco al ver el contenido de la olla que se le sirvió, se dio por satisfecho. “Durante un momento el camarero me miró como si yo fuera uno de los suyos, fue emocionante”, explica. “A mi chica, cuando pidió su arroz tres delicias, le dedicó una mirada vacía, rutinaria, pero a mí no”, afirma orgulloso. “A mí me miró con respeto”, insiste pese a que su pareja considera que “el chino le miró como nos mira siempre y además creo que ni siquiera es chino sino japonés”.

El camarero que atendió a Cañas, que nunca ha estado en China, reconoce que se sorprendió al ver que alguien le pedía este plato, pero tomó nota sin darle mayor importancia. “No fue capaz de comer ni la mitad”, explica. “Cada vez que pasaba cerca de su mesa me señalaba el plato casi lleno y me guiñaba un ojo”, dice. Finalmente, Narciso se comió el arroz tres delicias de su pareja y, de postre, pidió “el limón helado chino”.

Según fuentes cercanas, Narciso Cañas lleva muchos años acudiendo a restaurantes exóticos para impresionar a los camareros con sus supuestos conocimientos. Hace unos meses, fue expulsado de un restaurante árabe por eructar más de quince veces en la cara de una camarera.