Aduciendo que “la vida en el mar es muy dura y muy solitaria”, los casi 6.000 agentes de policía desplazados a Barcelona se han rendido a la homosexualidad tan sólo siete días después de ser alojados en cruceros situados en el puerto, según han informado fuentes del cuerpo policial.

“Hay cuatro o cinco agentes alojados por camarotes, estamos muy lejos de nuestras familias, nos sentimos muy solos y tenemos necesidades, somos humanos”, explica un agente anónimo de la benemérita que asegura que los agentes sólo tardaron unas horas en buscar cariño los unos en los otros, turnándose para subir al puente y cogerse de la cintura con sus parejas y gritar mirando al horizonte “soy el rey del mundo” como en la película Titanic.

“En el mar hay otras reglas y la naturaleza se abre paso”, explica el agente. Desde la Guardia Civil no han querido hacer comentarios y se han limitado a subrayar que las relaciones carnales entre agentes no son incumbencia del cuerpo y que “la vida en los barcos no es cómoda ni fácil”.

Según las mismas fuentes, diversas parejas de agentes han aprovechado ya su estancia en el barco para que el capitán les case en el mar.