El Gobierno ha confirmado esta mañana que, a partir del próximo verano, todas las piscinas municipales estarán obligadas a contar con un socorrista homeopático para salvar a los bañistas que se hagan el muerto. Para esta nueva función no será necesario ningún tipo de titulación homologada. Con un diploma en letra “comic sans” impreso en modo borrador será suficiente.

Cada vez hay más usuarios que deciden flotar en el agua, una costumbre que los homeópatas no ven con buenos ojos. “El agua es sinónimo de vida, de salud”, afirma el pseudocientífico Roberto Cardona. “No podemos permitir que la gente asocie agua y muerte teniendo en cuenta que gracias a ella se pueden curar enfermedades como el VIH”, defiende.

El procedimiento para salvarlos será muy sencillo: comprobarán que el bañista todavía tiene pulso. De ser así, le echarán un poco de azúcar en la cara y lo volverán a tirar al agua. “Con un poco de suerte”, explica Cardona, “el agua también le curará la miopía y los pies planos”.

En caso de no tener pulso y tratarse de una emergencia real, el homeópata culpará al bañista por no estar receptivo ante la homeopatía, se le acusará de ser muy negativo y, finalmente, se procederá a avisar a un socorrista convencional.

Algunos usuarios con estudios han criticado esta medida, acusando a los homeópatas de estafadores. Esto ha provocado escenas de tensión en algunos municipios, como en la localidad pacense de Olivenza, donde unos bañistas han desafiado a un socorrista homeopático a beber de la piscina infantil para demostrar las bondades del agua. El salvavidas ha sido trasladado a un hospital con diecisiete tipos diferentes de infección y una veintena de orines de diferente procedencia en el estómago.