Según el Padrón del Instituto Nacional de Estadística (INE), actualizado este mes de septiembre, España cuenta actualmente con una población de 15.249.739 tontos del pueblo, unos tres por habitante. “Es una cifra récord en nuestro país y en toda Europa”, confirma el INE, añadiendo que, paradójicamente, la mayor concentración de tontos del pueblo se encuentra en las grandes ciudades, principalmente Barcelona, Madrid, Valencia y Sevilla.

“Los primeros análisis demográficos apuntaban a una progresiva desaparición del tonto del pueblo por el auge de la vida urbana en detrimento de la población rural, pero no se contaba con la enorme capacidad de adaptación del tonto del pueblo, que ha logrado integrarse en las grandes y pequeñas empresas como uno más, aunque manteniendo su afición por ir mal afeitado y soltar lo primero que se le pasa por la cabeza”, explica Rogelio Suárez, experto del Centro de Investigaciones Sociológicas. “Los tontos del pueblo son los responsables de haber puesto de moda las bicicletas, el vinilo y la ingesta de hierbas en las zonas urbanas”, añade.

Javier Soto, dueño de la franquicia de hamburgueserías Deliburger, confirma el cambio de tendencia: “En mi pueblo, el tonto del pueblo arrancaba hierbajos y trozos de barro, los amasaba creando una especie de boñiga vegetal y luego se lo llevaba todo a la boca. Pensé en él cuando incorporamos a la carta la nueva hamburguesa vegana, que se ha convertido en uno de los cinco platos más vendidos”.

La imprevista proliferación del tonto del pueblo ha coincidido además con la llamada fuga de cerebros, que ha fomentado que las mentes más brillantes de España dejen su hueco libre para ser ocupado por estos individuos toscos y cortos de miras. “El mercado está teniendo en cuenta esta realidad y compañías como MediaMarkt han cambiado su estrategia de comunicación: Han sustituido el lema ‘Yo no soy tonto’ por ‘Igual sí soy tonto, pero no pasa nada'”, comenta el publicista Toni Segarra.

Los sociólogos advierten ahora de que, en un futuro no muy lejano, faltarán pueblos en España para tanto tonto. “Es probable que los actuales tontos del pueblo pasen a considerarse ciudadanos normales y corrientes y que los nuevos tontos del pueblo seamos nosotros”, apunta Rogelio Suárez.