A finales del año 2007, Cristina Heraldo fue trasladada al hospital madrileño Ramón y Cajal tras sufrir un desafortunado accidente. Debido a la fuerte conmoción cerebral que padecía, la paciente entró en coma mientras esperaba a ser atendida. Esta pasada madrugada, pasados diez años, Cristina despertó del coma y comprobó que todavía seguía en la sala de espera. “Aún no te toca, niña”, se encargó de aclarar el enfermo que se sienta a su lado desde que se presentó en el hospital.

“Cuando vi que habían pasado casi diez años no me lo podía creer”, declara. “Sin darme cuenta he avanzado un montón en la cola”, explica emocionada. “Ahora tengo ganas de ser atendida, salir del hospital y ver cómo es el futuro”, añade impaciente. Cristina reconoce que, mientras estaba en coma, vio la luz pero no pudo ir hacia ella porque también había mucha cola en el túnel.

Todavía aturdida, la paciente ha agradecido a los demás heridos que se hayan encargado de cortarle las uñas y el pelo. “Nos turnábamos para lavarla”, explica una mujer que llegó a urgencias con un brazo roto en el año 2013.

Alertados por la atención mediática, varios facultativos se han acercado a Cristina para ver qué le ocurre pese a las miradas de reprobación de los enfermos que llegaron antes que ella. “A esta chica no le pasa nada, está despierta y bien. Es una vergüenza que la gente sature las urgencias de los hospitales estando perfectamente, así nos va”, protesta uno de los facultativos.