Una veintena de taxistas ha recibido hoy a Carlos Camuñas, de 61 años, con gritos de “traidor” y “vendido” a su llegada al aeropuerto de El Prat, en Barcelona. Camuñas acudía a recoger a su hija, que volvía de hacer un voluntariado en Gambia, y que también ha sido increpada por usar un avión de Iberia en lugar de pedir un taxi.

“Yendo a buscar a su hija al aeropuerto le está robando el pan a los nuestros; esto es competencia desleal”. Así de duro se ha mostrado el gremio del taxi con este padre de familia, que ha tenido que aparcar a dos kilómetros del aeropuerto para evitar represalias.

Al grito de “a por él”, varios taxistas han arrancado su respaldo de bolas y lanzado los proyectiles contra Carlos, que ha tenido que parapetarse detrás de varios coches de Cabify, los únicos que lo han socorrido.

De poco han servido las excusas de Camuñas. Aunque ha avisado a los enfurecidos conductores de que no es un chófer, y que simplemente es “un padre que quiere a su hija”, los atacantes no han apaciguado sus ánimos. “Nosotros también tenemos hijas a las que queremos”, comentaba un taxista que no ha querido revelar su identidad. “Pero si hay que llevarla a cualquier sitio, se le cobra la carrera como a cualquier español”, afirmaba.

Después de varias persecuciones, Camuñas, ante la imposibilidad de llegar a su automóvil sin garantizar la seguridad de su hija, ha tenido que pedir un taxi para que le acerque al aparcamiento. Un servicio que ha transcurrido sin problemas hasta que padre e hija han bajado del vehículo y las protestas se han retomado. Finalmente, los Camuñas han podido entrar en su Renault Twingo familiar gracias al machete que la chica traía de recuerdo de su estancia en el país africano.