La Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio ha declarado hoy lugar de interés turístico el arco de seguridad del aeropuerto de El Prat, en Barcelona. A esta hora, miles de catalanes ya disfrutan de sus vacaciones delante de esta imponente bóveda, visitada por millones de peregrinos cada año, y se prevé que el flujo de gente no cese en todo el verano.

El arco, que data del siglo XX, destaca por su estilo modernista, imitando la forma de una ola del mar Mediterráneo. Sus pilares romanos y su detector de metales fabricado en China completan este majestuoso vestigio situado a escasos 30 minutos del centro de Barcelona.

Debido a su gran valor cultural, el arco está custodiado en todo momento por numerosos agentes uniformados. Siguiendo un rito antiguo, los visitantes son obligados a descalzarse para atravesarlo; algunos de ellos, los más afortunados, pueden llegar a pasar por debajo del monumento incluso dos veces si los miembros de seguridad lo estiman oportuno. La mayoría de la gente acude con sus pertenencias en maletas y se las entrega al arco a modo de ofrenda.

“El chamán con tricornio negro sigue purificando las almas de los visitantes recorriendo sus cuerpos con el escáner: si levantas los brazos en señal de sumisión y el aparato pita, la leyenda dice que eres uno de los elegidos”, explica un estudiante de Historia del Arte que ha viajado expresamente desde Florencia para apreciar el templo.

Todos los comercios de la zona han aprovechado el creciente interés por este espectacular arco de seguridad y ya se han apresurado a subir los precios. Tomarse un café cerca del arco ya oscila entre los tres y cuatro euros. Se cree que algunos turistas incluso han llegado a pagar siete euros por un bocadillo de jamón y queso.