Sintiéndose perseguidos por las vertientes más radicales del feminismo, un grupo de hombres ha decidido crear un club privado donde practicar con total libertad el “manspreading”, consistente en sentarse con las piernas abiertas. Los socios del local estaban hartos de ser recriminados cada vez que querían sentarse cómodamente y a sus anchas en un asiento público.

“Hemos tomado la decisión de abrir este club privado porque nuestros genitales comenzaban a resentirse”, se sincera Paco Cabanillas, uno de los dueños del club. “Sentarse con las piernas cerradas es peligroso para la circulación de los hombres”, explica. “Nuestro club exclusivo para hombres es un lugar tranquilo donde poder sentarse con las piernas muy abiertas y hablar de lo divino y de lo humano sin tener que estar pendientes de lo que decimos para no caer en la discriminación patriarcal”, añade.

El club dispone de una habitación con asientos muy parecidos a los del metro y, a través de unos altavoces, se van anunciando paradas y se oye un sonido ambiente que recrea el del transporte público. “Cada noche invitamos a un acordeonista distinto para que toque sus temas”, asegura Cabanillas.

El local, situado en un céntrico barrio de Madrid, tiene capacidad para cincuenta personas. Sin embargo, debido al despatarre que se lleva a cabo en su interior, sólo caben veinte.

Los dueños del club no descartan expandir el negocio creando la habitación del “mansplaining”, un lugar tranquilo y reservado donde los hombres podrán explicar lenta y detalladamente el funcionamiento del club a sus mujeres.