Da igual si tienes parrilla o barbacoa, para preparar una buena carne a la brasa necesitas mucha dedicación. A simple vista esta elaboración puede parecer muy sencilla, pero si no se siguen bien los pasos tu celebración veraniega puede acabar en tragedia.

 INGREDIENTES 

● Carbón vegetal.
● Dos chuletones de buey extra.
● Sal gruesa.
● Aceite de oliva virgen extra.
● Salsa chimichurri.
● Gel antiquemaduras Furacin.
● Un buen par de cojones.

 PASOS 

Muerde el plástico del envase hasta conseguir perforarlo. En cuanto uno de tus incisivos haya hecho un agujero, tira de él para hacerlo más grande y poder sacar tranquilamente la carne con la boca. Deja que la carne quede a temperatura ambiente durante unos 30 minutos para que se atempere. En ese tiempo puedes aprovechar para preparar las brasas, aunque lo mejor habría sido empezar a prepararlas un par de horas antes.

Es cierto que muchos cocineros con brazos reciben ayuda de amigos o familiares para encender las brasas, pero eso es completamente innecesario: si sigues mis consejos podrás hacerlo tú solo con facilidad. Lo primero es abrir la bolsa con el carbón, yo siempre lo hago a patadas. Si golpeas con la suficiente fuerza, la bolsa siempre se acaba rompiendo y los trozos de carbón se acaban esparciendo por el suelo.

Desaconsejo encender el fuego con alcohol o con líquidos inflamables porque te los puedes tragar. Tampoco deberíamos encenderlo con pastillas de encendido, pues nos dejarán un sabor a queroseno en la boca que estropea el aroma ahumado propio de la parrilla.

En mi opinión, y tras haberme tragado mucha mierda, la mejor manera de hacer un fuego rápido y sin humo es usando astillas y piñas. Si estás en una zona montañosa, basta con reptar por el suelo recogiendo con los dientes las astillas y piñas más secas que encuentres. Una vez las escupas sobre tu parrilla o barbacoa, necesitas prenderles fuego para después añadir el carbón vegetal poco a poco. Es cierto que los mecheros y las cerillas fueron diseñados para gente con brazos, pero eso no es excusa. Aprieta una cerilla con la boca y frótala con la caja hasta que se encienda. Una vez notes el calor de la llama en tu nariz, acércala a las astillas y piñas. En cuestión de minutos empezarán a arder. Ese es el momento de recoger el carbón del suelo con la boca y depositarlo sobre el fuego.

Ahora ya tienes las brasas encendidas. Aprovecha para coger aire, tranquilizarte y enjuagarte bien la boca para eliminar los restos de madera, fósforo y carbón de tus dientes. No necesitas la ayuda de nadie.

Mientras las brasas van cogiendo forma, sujeta una brocha de silicona con el dedo gordo y el dedo índice del pie, y pincela ligeramente el exterior del chuletón con un poco de aceite de oliva virgen extra.

Cuando la parrilla esté bien caliente, pon encima el chuletón sin sazonar. Aunque tenga hueso, es siempre mejor morder en zonas con carne para que no se caiga al suelo. Cuando ya lleve unos tres o cuatro minutos, dale la vuelta. ¿Cómo? Pues con un buen par de cojones. No te dejes ayudar. Verás que hay unas brasas emanando un insoportable calor que te hará sudar por toda la cara. Si no actúas rápido, tanto los chuletones como tu cara se pueden calcinar. Así que cuenta hasta diez, acerca la cabeza al fuego y dale la vuelta a la carne como sea.

Hay gente que muerde un cuchillo, se lo clava a la carne y después lo suelta con la esperanza de que la carne caiga por el lado crudo. Yo prefiero morder por un borde e ir levantándolo hasta que tenga ángulo para soltarlo. Si es tu primera vez no te preocupes, no necesitas ayuda, ve probando hasta conseguirlo.

Tras darle la vuelta llega el momento de añadirle la sal gruesa: al metértela en la boca te abrasarás la lengua, pero tranquilo, en este punto no notarás nada porque el insoportable calor de las brasas en tu cara te habrá hecho perder toda la sensibilidad. Aquí hay gente que espera a que la carne se haga por las dos partes y después le vuelve a dar la vuelta para que se caliente de nuevo justo antes de servirla. Yo lo desaconsejo. La carne ya está hecha, no nos distraigamos con tonterías, las fuerzas ahora hay que concentrarlas en sacar esos chuletones de la parrilla sin morir en el intento.

Si tienes barbacoa, puedes llenar el suelo de periódicos viejos, volcarla a patadas hasta que los chuletones caigan sobre el papel y después recogerlos con la boca sin riesgo de quemaduras. Si tienes parrilla, estás jodido. Quieras o no vas a tener que meter la cabeza en el fuego y ambos lados de la carne estarán ardiendo. Yo, después de haber sufrido todo tipo de abrasiones, al final he optado por morder una manopla y tirar de la rejilla hasta que los chuletones se caen al suelo. Luego espero a que se enfríen y los recojo con la boca.

Una vez hayas levantado la carne del suelo y te hayas asegurado de que los bomberos tienen el fuego controlado, es el momento de emplatar. Asegúrate de soplar con fuerza para eliminar los restos de suciedad que hay sobre los chuletones. Vete a una zona segura lejos del incendio generado en tu jardín, échale un poco de salsa chimichurri a la carne y ya está.

¡Delicioso!