Los niños españoles exigen la entrega de todas las narices robadas por los adultos en los últimos años. Acusando a los mayores de actuar de forma profesional y organizada, los más pequeños del país han afirmado que “a los adultos sólo les queda disolverse, entregar las narices, arrepentirse, pedir perdón a las víctimas, pagar las deudas y someterse a la legislación vigente”.

A los niños españoles les molesta especialmente el recochineo posterior a los robos. “No es sólo que nos las quiten, es que después, con ellas en la mano, nos preguntan riendo dónde están”, denuncian. Se calcula que el 70% de los menores de 18 años ha sido despojado de su nariz por un adulto en alguna ocasión. “Nos están desmembrando y nadie hace nada”, protestan desde los círculos infantiles más radicales. “Algo olía mal desde el principio, pero no teníamos manera de saberlo”, lamentan. Hoy mismo se ha convocado una jornada de protestas infantiles que consistirán en gritar, llorar y patalear desde el suelo.

Aunque la Policía Nacional estima que el número de narices todavía en manos de los adultos es reducido y llevan años en desuso, los niños no cesarán sus protestas hasta que todas hayan sido devueltas a sus dueños. “La única solución para una entrega respetuosa con la ley es señalar la localización de esas narices a las autoridades”, recuerdan los niños, que también consideran agresoras “a las madres que no roban la nariz pero la aprietan mucho cuando nos suenan los mocos”, en palabras de Alvarito Bosch, líder del sector infantil.

Los núcleos más radicalizados de los niños españoles también han advertido a los adultos de que, a partir de ahora, emplearán la fuerza con quienes les pellizquen los mofletes al saludarlos. Al hilo de las protestas, las madres españolas ya se han comprometido a dejar de utilizar su saliva en público para limpiar las manchas en la cara de sus hijos.