Cansada de pasar cada verano rascándose la piel llena de molestos granos, una mujer de Ponferrada ha decidido tener un hijo para que le piquen a él los mosquitos. Bárbara Pérez, de 32 años, dio a luz en su propia casa con la esperanza de que los mosquitos se acercasen lo antes posible a su hijo dejándola a ella tranquila.

“Pensé que, si les gustaba mi sangre, la de mi hijo, pura e inocente, les iba a encantar”, reconoce la madre. El niño, al que ha llamado Aután, es sangre de su sangre y, por tanto, su estrategia parece funcionar. “Desde que nació estoy mucho más tranquila y los mosquitos ni se me acercan”, asegura orgullosa. “Cuando el bebé baja su eficacia, le suministro más azúcar y los mosquitos enseguida vuelven a sentirse atraídos por él”, añade.

El niño, al que Bárbara ha situado en la ventana, intercepta con su suave y delicada piel todos los mosquitos que entran en la vivienda. “He colocado la cuna al lado del router por si acaso absorbe también las ondas del WiFi”, agrega la madre.

Aunque el niño ha salido muy llorón, los padres no se atreven a confirmar que ese hecho tenga relación con las picaduras que recibe constantemente. Por si acaso, cuando le empiecen a crecer las uñas, no se las cortarán para que pueda rascarse.