Asegurando que pareces saber muchísimo del tema y que habrás visto cosas que ellos no han visto, el equipo de trabajo del que formas parte estará encantado de escuchar, analizar y apoyar las ideas que tienes tú, ya que has encontrado una objeción a las ideas que ellos proponen, según han informado fuentes de tu equipo. “Bueno, veamos entonces lo que has pensado tú”, han declarado tus compañeros de trabajo mirándote fijamente a los ojos y requiriendo tu intervención de forma inmediata.

“Alto, tenemos a Steve Jobs aquí, deberíamos escucharle y ver qué propone antes de seguir diciendo las estupideces que parece que llevamos diciendo toda la mañana”, ha declarado Vanesa Marín, tu compañera, animándote a hablar cómodamente y sin tapujos.

“Vamos, di”, ha insistido, enfatizando que “hay plena confianza” para plantear cualquier tipo de propuesta “por estúpida que sea, sin vergüenza”, tal y como han hecho ellos hace unos minutos, justo cuando tú has tosido y has dicho “Una cosita, ¿y si…?”.

“Seguro que tú no eres tan subnormal como nosotros, pero no podemos evitarlo porque somos tontos como una mierda de perro tonto y sólo llevamos seis meses dándole vueltas a este problema”, han declarado tus compañeros de trabajo, que confían plenamente en que tú, en sólo cinco minutos, habrás podido resolver todos los obstáculos que ellos, en su “infinita estupidez [sic]”, no han sabido ver.

“¡Cuidado, va a hablar el genio!”, han declarado, según han informado las fuentes de forma urgente.

“Vamos, no tenemos todo el día”, han insistido tus compañeros.

A última hora, tus compañeros de trabajo han anunciado su firme intención de sentarse en las sillas y ver cómo tú terminas su exposición, así que levántate de la silla y ocupa su lugar porque ahora el marrón, según informan, te lo comes tú.