Ramón Campos, estudiante de Primero de Bachillerato en el Instituto Santo Tomé de Huelva, ha suspendido un examen de Geografía programado para ayer por la mañana porque fue incapaz de encontrar la clase. El estudiante se perdió por los pasillos a la salida del recreo y nunca consiguió volver a ubicarse. “El sol entraba por las ventanas de orientación sur, y creo que el aula estaba al nordeste, así que fui hacia la izquierda, o sea, hacia el norte, pero nada, todas me parecían iguales”, lamenta.

El alumno cree que el suspenso no afectará a su rendimiento global: “He aprobado Matemáticas con un tres con cinco sobre diez y tenía una media de dos, o sea que si sumo el tres con cinco y divido por dos me sale una media de… ¿cinco? Bueno, no sé, el tema es que las mates las llevo bien”.

Por si fuera poco, Campos asegura que su especialidad son las clases de Lengua Castellana: “Puede que la Geografía me se dé mal: sin en cambio, en Lengua soy un as en la manga”, dice.

“Te digo una cosa: no pienso ahogarme en la gota que colma el vaso por el cate de Geografía porque cuando mi abuelo tenía mi edad no le dejaron ir al colegio porque estaba luchando en la guerra de secesión contra Franco, así que me puedo dar con un canteo en los dientes”, argumenta, recordando que “he sacado un uno y medio en Historia, o sea que si sumo el uno con el dos con seis me sale una media de… ¿cinco? Pues eso, joder, que ni tan mal”.