“Es la primera vez que me siento en todo el día”. Con estas palabras sorprendía María del Carmen Olaz, en silla de ruedas desde hace más de diez años, a sus familiares ayer por la noche. “No me siento las piernas, todo el día sin parar, de aquí para allá”, agregó la mujer, exhausta. “Ay, acércame el mando de la tele que yo de aquí no me muevo ya”, pidió minutos más tarde frente al televisor.

El psicólogo Alfonso Dirauma explica que el caso de María del Carmen no es el único. “Algunas madres invidentes han empleado expresiones típicas como ‘No me mires con esa cara’ o ‘Tú, que te estoy viendo’ pese a su condición. Al fin y al cabo, no dejan de ser madres y esto es más fuerte que cualquier limitación física”, argumenta. Según su tesis, incluso una madre sin brazos ni piernas, postrada en una cama de forma permanente, exclamaría “Como vaya yo y lo encuentre…” en el caso de que un hijo suyo se quejara porque no encuentra lo que está buscando.

“Cuando se ha puesto delante de la tele ha suspirado aliviada como si acabara de sentarse a plomo en la silla, como si no estuviera ya sentada”, asegura el marido de María del Carmen. Dirauma insiste en que “ella tiene la sensación de que no se ha sentado en todo el día” y recomienda no replicarle ni recordarle que en realidad lleva diez años sentada. “Se lo tomaría muy mal, como si la acusaran de no hacer nada”, apunta.

Los expertos han descrito casos de madres del desierto que, soportando temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, han obligado a sus hijos a salir por la noche con una rebequita.