El Real Madrid ha obtenido su título de Liga número treinta y tres. Pero, ¿por qué ha ganado el Madrid la Liga y no la ha ganado, pongamos por caso, el Palamós?

Las claves de la victoria madridista.

Los puntos. Las matemáticas son inapelables: el Real Madrid nunca hubiera ganado esta Liga de no tener más puntos que sus rivales. Esto es así. El Madrid ha sumado más puntos que el Barcelona y el Atlético y muchos más que el Granada, que ha sido el último. Real Madrid 93 puntos. Granada 20. ¿Quién gana la Liga? El que tiene 93. De ahí su éxito. Hay que felicitar, pues, al encargado de llevar los números en el equipo blanco porque nunca ha cometido un error en las sumas y por no permitir que las hiciera Sergio Ramos.

La táctica. El Real Madrid ha sabido en todo momento a qué estaba jugando: al fútbol. Todos sus jugadores, hasta Sergio Ramos, eran conscientes de que, si coges el balón con la mano, ya no es fútbol sino baloncesto o balonmano, dependiendo de si hay una canasta y juegan negros o si es una portería más pequeña y juega Urdangarin. Tampoco han intentado jugar a caballo (polo) o al mus. Fútbol puro y simple.

El equipo. El equipo blanco ha logrado juntar un gran equipo humano. Es decir, todos son seres humanos y eso no es algo que puedan proclamar con orgullo los demás equipos. El Madrid no ha usado chimpancés, vacas o cabras para ganar la Liga. Pero tampoco seres fantásticos como unicornios, enanos, trolls o Leo Messi. La del conjunto blanco ha sido una gesta de hombres y de Cristiano Ronaldo.

Aciertos en la alineación. El Real Madrid ha jugado toda la Liga con once jugadores. A veces por las expulsiones han sido diez. Pero lo habitual es que fueran once. Distribuidos por el campo, eso sí. Uno de ellos ha jugado toda la temporada de portero, un gran acierto por parte del entrenador, Zinedine Zidane, porque evita confusiones. Otros han estado en defensa. Algunos en el medio campo y los menos en la delantera. Es cierto que ayudaba que el equipo contrario no se presentase con cien jugadores al mismo tiempo, porque así no hay manera y es casi imposible marcar gol.

El entrenador. Zidane ha demostrado que conoce bien a su equipo. Nunca ha llamado a un jugador por el nombre de otro. Nunca ha dicho, “¡Eh Cristiano, baja a defender!” cuando en realidad se estaba dirigiendo a Sergio Ramos. Para Zidane, Cristiano es Cristiano y Ramos es Ramos. Es cierto que ayuda mucho que los jugadores lleven el nombre y el número escrito en la espalda, pero eso no resta mérito al trabajo de Zidane, al que nunca se le ha escuchado gritar “¡Eh, tú, el de las mechas!”.

Disciplina. Los jugadores madridistas han seguido las instrucciones que les daba su entrenador y eso no es fácil. Ya se sabe que en muchas ocasiones las tácticas se hacen sobre una pizarra y luego los jugadores tienen problemas para llevarlas a cabo: jugar sobre una pizarra puede ser un auténtico infierno porque no caben todos los jugadores a la vez y el terreno es resbaladizo si las botas llevan clavos. Pero los hombres de Zidane han sabido estar en su sitio obedeciendo las órdenes de su entrenador. A veces también obedecían las órdenes de un señor con camiseta fosforito que corría sin sentido por el campo con un silbato. El típico loco al que los jugadores madridistas han tratado con deferencia y al que simulaban hacer caso para que no se sintiera mal, demostrando que son unos caballeros fuera y dentro del campo.

Equipación adecuada. El Real Madrid nunca ha permitido que sus jugadores salieran al campo sin camiseta. O sin pantalones. Lo cual habría sido bastante incómodo para el equipo rival. Además, aunque se habla mucho de los recogepelotas, nunca se menciona a los que traen las pelotas: los sueltapelotas. Y la labor de los sueltapelotas este año ha sido impecable: nunca han faltado balones en el Santiago Bernabéu, lo cual es esencial. No sólo porque facilita mucho la labor de los jugadores sino porque además, digámoslo claramente, sin balón no hay fútbol. Al fútbol no se puede jugar con una sandía. Tampoco si no hay porterías, aunque sean dos chanclas clavadas en el suelo. Si no hay público entonces es una pachanga.

La Junta Directiva. Florentino Pérez ha sabido dejar espacio a su entrenador y a sus jugadores. Pérez ha tenido claro en todo momento dónde empieza su labor como presidente del Madrid y donde termina la de presidente de ACS, una de las principales constructoras de nuestro país: podría haber utilizado a Sergio Ramos para descargar ladrillos, o haber construido un rascacielos de veinte plantas sobre Cristiano Ronaldo y vender los pisos a precio de oro. Y, sin embargo, no lo ha hecho. Bien por Florentino.