Ignacio González sabía desde octubre que la Guardia Civil le escuchaba, pues encontró un micrófono oculto en su despacho profesional siete meses antes de su detención. El ex presidente de la Comunidad de Madrid encargó en octubre de 2016 a una agencia de detectives de confianza un barrido completo de su inmueble y el resultado fue positivo. Desde entonces, González no sólo siguió manteniendo conversaciones sobre sus irregularidades sino que además se tocaba y se excitaba sabiendo que las escuchaban agentes de la benemérita.

La Guardia Civil se percató de que quien fuera la mano derecha de Esperanza Aguirre hacía comentarios claramente dirigidos a quienes escuchaban sus conversaciones secretamente. “Estoy siendo un chico muy malo, debería venir alguien a castigarme”, decía González con susurros mientras supuestamente se masturbaba. “¿Sois una pareja? ¿Chico y chica? ¿Dos chicos? La verdad es que me da igual”, insistía. Muchas veces, estos comentarios los realizaba a solas en su despacho, hablando simplemente con quien estaba al otro lado del micrófono oculto.

“Una investigación judicial no puede dejar nada por descubrir. Tendrían que obligarme a mostrarlo todo, todo, quitándome hasta la última prenda, poquito a poco, sí”, comentaba el ahora detenido sin dejar de gemir.

Según el instructor de la ‘operación Lezo’, Eloy Velasco, las escuchas de la Guardia Civil probablemente “incentivaron las conductas delictivas del señor González, que parecía interesado en perpetuar la corrupción sólo para provocar a los agentes y hacer realidad sus fantasías sexuales en las que era retenido y dominado por las fuerzas de la ley”.