Francisco Ochoa, natural de Pontevedra, consiguió la semana pasada llegar al final de su jornada laboral en la empresa Jenkins&Co. sin que absolutamente nadie se enterase de que estaba de cumpleaños. Este informático, que pensó en decir algo al llegar a la oficina, lo fue dejando y dejando, hasta que a media mañana entendió que ya era demasiado tarde para hacer un anuncio semejante, por lo que se mantuvo en silencio como si se tratase de un día más.

Según fuentes cercanas a Charo, la de Ventas, al llegar a la oficina Ochoa miró a los compañeros con los que tiene más afinidad con cara de expectación, pero esa expectación se fue apagando en su rostro al no ser felicitado por nadie. “¿Quién? Ah, el rarito, hoy ha estado incluso más callado de lo normal”, informan desde el departamento de Recursos Humanos, aunque reconocen que todavía ignoran las causas de este comportamiento.

Ochoa vivió momentos de enorme tensión en el transcurso de su jornada laboral, especialmente en las últimas horas. Haber sido descubierto tan cerca del final habría supuesto una enorme incomodidad para todos, pues Antonio incluso llegó a poner dinero para el regalo de Paco de Marketing, que cumple la semana que viene. En sus últimos minutos en la oficina, Ochoa pasó por un auténtico infierno temiendo que alguien descubriera la señalada fecha a través de su Facebook, pero por suerte tampoco nadie le felicitó allí.

Esta no es la primera hazaña que consigue este empleado: pese a llevar ya más de seis meses trabajando en la oficina, ha sido capaz de mantenerse al margen de todos los ‘afterworks’. Según testigos de su anterior empresa, este oficinista ha llegado a trabajar un mes entero sin que nadie sepa cómo se llama y ni siquiera a qué sección pertenece.