Un trabajador de peaje tiene que pagar cinco euros con treinta y seis céntimos cada vez que va al baño y pasa a través de la barrera. Francisco Rubiales, de 55 años, se ha dejado ya miles de euros a base de repetir esta operación. Al construir la estación, los obreros colocaron el baño al otro lado de las barras, obligando a los operarios a traspasarlas cada vez que necesitan usarlo.

“Muchos de nuestros afiliados pierden dinero por ir a trabajar”, denuncian desde el sindicato. “La mayoría ha optado por aguantarse las ganas, pero igualmente tienen que pagar al entrar y salir de su puesto de trabajo”, añaden. “Me cagaría en todo si no me saliera por un ojo de la cara”, protesta uno de los empleados.

“He llegado a mearme encima”, se sincera Rubiales. “Decidí dejar de ir al baño en 1999, cuando también trabajaba en un bar de noche para poder pagar mis deudas con el peaje”, explica. “Un día me sentó mal un plato de albóndigas y llegué a perder cerca de cien euros”, lamenta.

Esta desagradable situación no es exclusiva de los trabajadores de peaje. Miles de camareros se ven obligados diariamente a cobrarse un café a sí mismos cada vez que quieren utilizar los baños de uso exclusivo para los clientes del bar.