Dicen que la primera impresión es la que cuenta, y lo primero que verán tus vecinos de ti será tu felpudo. El de la entrada de tu casa, concretamente.

Algo tan sencillo como una frase ingeniosa, emotiva o picante puede dar pistas sobre la persona que habita tras la puerta. ¿Cuál es la que mejor te define?

“Ojo que tengo el piso hecho un puto asco”: El que avisa no es traidor. Quien traspase el umbral de tu puerta, ya sabe lo que hay. Luego que no se echen las manos a la cabeza.

“No lo pises, coño, que lo acabo de aspirar”: Si eres un neurótico de la limpieza, también conviene dejar las cosas claras. ¿A quién demonios se le ocurre restregar sus zapatos sucios de la calle en el felpudo de los demás?

“Aquí vive uno del Atleti que a veces se pone las bragas de su mujer”: Un pequeño añadido a uno de los modelos más populares de felpudo. Sólo una persona en la que se puede confiar estaría dispuesta a reconocer abiertamente algo tan humillante como ser del Atleti.

“Mañana le pago, don Alfonso, se lo juro”: Un mensaje directo para tu casero que sirve para cualquier día del año. Así le ahorras el llamar al timbre y tener esa incómoda conversación de cada mes.

“Deja tus problemas aquí antes de entrar”: Un mensaje positivo, alegre, simpático… Lo que pasa es que te lo has tomado demasiado en serio y, cuando vino tu hermano a decirte que le quedaban tres meses de vida, le respondiste: “¿Pero tú has leído el felpudo? Es que me parece acojonante la falta de respeto de venir aquí a saltarte las normas de mi casa”.

“¡Bienvenido a la república independiente de mi casa! Bueno, que digo república pero podía haber dicho monarquía, que a mí en política no me gusta meterme y respeto las opiniones de cada uno. Y… viva el rey. Bueno, y la república. Que todas las opciones son buenas, siempre que se respeten las de los otros”: Si es que no cuesta nada quedar bien con todo el mundo, ¿no?

“Hombre. 37 años. 1,85 de alto. 95 kg. Me gusta el cine, pasear y las tetas grandes”: ¿Por qué usar Tinder teniendo un felpudo?

“Siento que todo el mundo me pisotea”: Otro de esos felpudos que habrían sido divertidos y originales de no ser porque refleja demasiado bien cómo te sientes cada día de tu vida.

“No llamar a Mónica”: Un útil e inteligente consejo sobre tu ex para cuando llegas los viernes y los sábados a las seis de la mañana a tu casa, borracho como una cuba. Aunque quizá deberías añadirle: “No escribir por wassap a Mónica, no enviar emoticonos de corazones a Mónica por Facebook, no darle al ‘Me gusta’ en 87 fotos de Mónica en Instagram, no repetir el nombre de Mónica incesantemente entre sollozos”.

“Esto es un felpudo, un objeto con un fin meramente higiénico. Poner una frase ingeniosa en él me parece una pérdida de tiempo y dinero”: Eres el vecino rancio que aparece en las pesadillas de los niños de la comunidad de vecinos. Morirás solo, con una opinión bastante acertada sobre los felpudos, eso sí, pero solo.