Recientes estudios en psicología animal demuestran que los perros se parecen muchísimo a los humanos y tienen sentimientos increíblemente complejos. Vamos a dar unas pautas para algo que igual desconocemos: qué no debes hacer con tu perro, aunque pienses que le gusta.

1

Poner un palo en alto para que salte

Los perros interpretan este juego como una prueba de tu afecto, de forma que, si no consiguen alcanzar el palo, ello les genera gran frustración y piensan que serán cambiados por otro perro con mayor potencia de salto. El adiestrador canino Antonio Basurte explica que el perro puede experimentar sentimientos de “no estar a la altura” o “no dar la talla”, por lo que se inyectará hormonas de crecimiento o podría viajar a Turquía para injertarse unas patas humanas.

2

Contarle tus intimidades

Los perros adoran los temas de conversación positivos como nuevas zonas ajardinadas en el barrio o nuevas peluquerías caninas con servicio de masaje. Aunque parecen excelentes escuchadores, ellos ya tienen sus propios problemas y odian los largos monólogos depresivos y autoindulgentes. Los perros concilian el sueño con mucha dificultad tras conocer los motivos de infelicidad de su dueño, pues arrastran sentimiento de culpa

3

Cortarle la cola sin avisar

A los perros les encantan las nuevas tendencias en moda canina, hocicos chatos estilo pug o frondosas melenas de retriever. Sin embargo, si planeas cortarle la cola a tu perro, avísale con antelación para que se organice. “No hay nada que odie más un perro que acudir al veterinario por unas vacunas ordinarias y despertar en casa con un muñón donde antes estaba su cola”, explica el experto en perros. Es recomendable avisarles con un mes de antelación y enseñarles fotografías de otros perros sin cola para que se adapten a este nuevo estilo o escojan ellos mismos el tipo de corte.

4

Agarrarle la cola con el puño y masajear su ano con el dedo medio

Aunque parezca que disfruten al relajar su cuerpo y tumbarse en el suelo, los perros viven estos episodios como una violación grave de su intimidad y dignidad sexual. A los perros les asaltan pensamientos como “cuándo va a terminar todo esto”, “¿Hace esto porque me quiere?” o “¿Es normal que los dueños hagan esto a sus perros?”. Antonio Basurte alerta sobre estas prácticas y explica que es habitual que tomen largas duchas agarrándose las rodillas tras estas peculiares muestras de afecto.

5

Decir de él que “no hace nada”

No digas de buenas a primeras que tu perro no hace nada porque puede hacerlo, si quiere. Deja que sus actos hablen por él, pero si te oye decir que “no hace nada” estás coartando su libertad. Quizá “no hace nada” pero es porque no quiere.

6

Asumir que es un chihuahua si es un chihuahua

No le obligues a ser un chihuahua si no quiere, la mayoría de perros se identifican con razas menos ridículas. Nadie quiere ser un chihuahua, ni siquiera tu perro chihuahua.

7

Tirarle la pelota un número impar de veces

Al lanzarle la pelota una y otra vez, ven insultada su capacidad de gestionar objetos y ello les crea una fuerte sensación de ansiedad, pues piensan que la pelota se va romper. Esto se da especialmente si se la lanzas un número impar de veces, pues creerán que el proceso está incompleto y les generará ansiedad. ¿No has visto que tu perro pasea siempre evitando pisar las líneas entre las baldosas o siempre revisa tres veces que la llave del gas esté cerrada? Vigila.

8

Llamarle “buen perro” sin exponer razones para que pueda mejorar

“¿Quién es un buen perro?” o “Qué perrito más bueno” parecen frases inocentes y seguramente sean dichas con buena intención, pero para los perros no son constructivas si no les indicamos el motivo. “¡Buen perro! No me causas grandes problemas y tus heces son pequeñas”, grita Antonio a su yorkie anciano.

9

Obligarle a resolver un caso policial en el páramo de Devonshire, Inglaterra

Tu perro está retirado, no le obligues a revivir todo aquello.