Asumiendo que los deberes de su hijo le piden “dedicación plena”, Nicolás Asensio, de 46 años, se ha visto forzado a pedir una excedencia en su empresa para centrarse en las tareas escolares de su hijo. “Todo empezó con asesorías puntuales en mi tiempo libre pero ahora veo que, si quiero progresar, tengo que dedicarle todo mi esfuerzo a este proyecto”, explica.
 
“Mi antiguo trabajo me estaba quitando tiempo para hacer lo realmente importante: los deberes de matemáticas, el trabajo sobre Australia de Sociales y mejorar mi ortografía”, insiste el padre.

“Aunque puedo trabajar desde casa, a menudo estoy en desacuerdo con el criterio de mi superior”, admite Nicolás, que no está conforme con la corrección del “Poema sobre la Primavera” que le hizo la profesora de su hijo hace dos semanas. “Pero soy un trabajador disciplinado, así que no me quejaré; sólo espero progresar adecuadamente en los informes trimestrales”, dice.
  
Nicolás y su familia deberán redistribuir los esfuerzos para sacar adelante la familia. “Mi hijo tendrá que buscarse un trabajo para que entre algo de dinero en casa, es la mejor solución”, admite. “Ojalá un día esté preparado para hacer los deberes de sus hijos pero, de momento, no está capacitado, así que tendrá que trabajar mientras yo hago sus deberes” añade Nicolás.

Nicolás ya se ha incorporado a su nuevo puesto y ya ha incluido su nueva situación laboral en su perfil de Linkedin (Febrero 2017- Actualidad: Deberes de mi hijo).