Martin Scorsese ha sufrido un serio contratiempo durante el rodaje de su nueva película. El aclamado director comprobó nada más sentarse en la sala de montaje que el dedo del cámara salía en todos los planos, por lo que ahora está obligado a rodar todo otra vez. “Es un revés muy grande, ya nos habíamos pasado de presupuesto y ahora se nos irá al triple de lo previsto”, lamenta el cineasta.

“Su dedo siempre está ahí, en la esquina superior derecha de la pantalla tapando la cara de los actores”, explica el oscarizado director. “En los pocos planos en los que no sale el dedo, se puede ver claramente una huella en su lugar que hace que la atención del espectador se dirija hacia allí irremediablemente”, añade impotente. A pesar de los esfuerzos del equipo de postproducción por eliminar el dedo, que acapara todo el protagonismo de la película, éste está tan presente en los planos que resulta imposible de quitar.

El operador de cámara, que no ha querido revelar su identidad pero al que se ha podido identificar gracias a sus huellas dactilares, ha tratado de quitar hierro al asunto. “Martin es un poco exagerado, el dedo casi no se ve, si él no dijera nada no se enteraba nadie”, explica. “Según se mire puede parecer un simple punto rojo, yo creo que aporta a la historia más de lo que resta”, añade. “Además, así salgo yo también”, se defiende.

No es la primera vez que Martin Scorsese tiene que volver a rodar una película por una situación similar. En el año 1991, mientras grababa Cape Fear, el director neoyorquino se dio cuenta de que Robert De Niro llevaba más de media película hablando con su voz de doblaje en español, obligándole a repetir todas sus escenas.