Andrés Galindo comenzó a trabajar en el sector inmobiliario tras cumplir la mayoría de edad. Ahora, a sus cuarenta y seis años, sigue sin saber qué se siente al vender una casa.

Andrés, ¿cómo y por qué comienza a trabajar en el sector?

Siempre ha sido mi pasión, mi sueño. A día de hoy sigo levantándome con una sonrisa en la boca por la mañana porque disfruto de mi trabajo, me gusta el contacto directo con el cliente y aprender cada día un poco más sobre este oficio.

También empecé a trabajar en esto porque mi tío tenía una inmobiliaria.

Pero en más de veinte años no ha conseguido vender ni una sola casa.

Porque son casas demasiado buenas para la gente que viene a verlas. Los clientes piensan: “Andrés me está enseñando una casa que se escapa de mis posibilidades. Es la casa de mis sueños y él es un gran vendedor… Pero no me la puedo permitir”.

Y se van a la competencia.

Sí. Pero pensando en la casa que yo les he enseñado. Es como en mi caso, que me casé con Margarita y llevo más de dieciocho años con ella, pero por las noches… ¿En quién pienso? ¿En Margarita? No, en Julia, una chica del instituto de la que estuve enamorado y que jamás conseguí que se fijase en mí. A mis clientes les pasa lo mismo con las casas que yo les enseño, siempre serán su sueño inalcanzable.

Pero su negocio no se basa en crear sueños inalcanzables sino en vender. ¿Ha probado nuevas tácticas de marketing?

Claro. Hace poco organizamos una flashmob para promocionar la inmobiliaria.

Qué interesante. ¿Cuántas personas participaron en la flashmob?

Unas… No sé decirle. Estaba yo y… Digamos que básicamente la hice yo.

¿Una flashmob de una sola persona?

Sí. Así de primeras no suena muy atractivo, pero se dio bastante bien. Después de dos horas bailando en la calle conseguí 4 euros y 67 céntimos, que se dice pronto. Y una señora se ofreció a comprarme un café con leche.

¿Consiguió promocionar la inmobiliaria?

Sí. Conseguí un cliente. Y le cuento un secreto: está interesado en una de las casas.

Qué buena noticia.

Efectivamente. Pero no se la voy a vender.

¿Cómo?

Son más de veinte años enseñando esa casa todos los días de mi vida. Es como un segundo hogar para mí. Espero poder comprarla algún día. Cuando venda una casa y me la pueda pagar.