Marcos R., hijo de un ferviente defensor del catolicismo obsesionado con la figura del papa Francisco, ya ha recibido más besos de Su Santidad que de su propio padre, según confirma su progenitor con orgullo en la publicación “Razón y fe”. Al parecer, las continuas gestiones del padre para visitar la Santa Sede, poder saludar al Pontífice y pedirle que bese a su niño le impiden dedicar más tiempo al retoño, quien pasa semanas enteras sin verle.

“El amor más puro que puede recibir mi hijo es el del Santo Padre, cuyos besos están más cerca del Señor que los que yo pueda darle”, argumenta el padre de Marcos. Mientras tanto, la criatura pasa sus días contando el tiempo que falta para volver al Vaticano, pues sólo en estas visitas disfruta de la compañía paterna y recibe el amor de Jorge Mario Bergoglio, quien nunca recuerda el nombre del niño pero sí empieza a familiarizarse con su cara, a la que ha besado más de diez veces en los últimos dos años.

“Cuando dijo que echaba de menos los abrazos de papá pero refiriéndose al Papa y no a mí casi se me saltan las lágrimas de la alegría”, explica el padre de Marcos. “Que se sienta tan cerca del Santo Padre justifica todas estas gestiones tan complejas”, añade, reconociendo que está al tanto en todo momento de la agenda del Pontífice y no desaprovecha las escasas ocasiones en las que Marcos puede viajar para ser besado en algún acto protocolario del Vaticano.

El padre de Marcos fantasea con la idea de abandonar a su hijo a las puertas de la Santa Sede, pero no lo hará hasta estar seguro de que sería el Papa y no otra persona quien se encargara de acogerlo en su seno. “Quiero lo mejor para mi hijo, no me vale cualquier cura”, sentencia.