En la tarde de ayer, una pareja de turistas alemanes que estaba visitando el Valle de los Caídos -la obra faraónica excavada en la sierra madrileña donde descansan los restos mortales de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, construida en su mayor parte por presos políticos- se llevó una sorpresa cuando la pared de una de las capillas del monumento se vino abajo. Tras un enorme agujero en la roca, apareció un anciano armado con pico y pala. Creyendo que se trataba de un acto vandálico, la pareja puso el hecho en conocimiento de la seguridad del recinto, que procedió a detener al individuo.

Tras interrogar al sujeto, las autoridades pudieron confirmar que se trata de Eufemiano R. S., miembro del Partido Comunista condenado por el Franquismo a trabajos forzados en el Valle de los Caídos y al que nadie había avisado no sólo de que la obra ya había terminado sino de que el Franquismo también había llegado a su fin.

Eufemiano llevaba 59 años horadando rocas sin descanso, convencido de que sus compañeros habían sido fusilados uno tras otro. El anciano confiesa que, para él, el agujero en la roca constituía un refugio ideal, pues estaba convencido de que fuera de allí no iba a encontrar más que una sociedad reprimida y gris. “Yo no salgo de la roca hasta que me aseguren que Franco ya no está. No me fío un pelo”, insiste.

Ahora, la Comunidad de Madrid valora la posibilidad de encargarle al represaliado las obras de ampliación de la línea 10 del metro de la capital. “Nos comprometemos a firmar ante notario un documento que certifique que no lo vamos a fusilar”, ha sugerido la presidenta Cristina Cifuentes.