El último barómetro del CIS sobre las prioridades de los españoles presentado esta mañana revela que, al contrario de lo que se creía, pedir ya es más triste que robar. Se trata de un cambio de tendencia en la percepción de los ciudadanos, sin duda marcado por el incremento de los casos de corrupción, que ha acabado por normalizar el robo.

Los datos son contundentes: un 71% de los encuestados considera molesto que alguien se acerque para pedir y no querría verse en esta situación, que considera triste. En cambio, se asocia el robo a personas con estudios universitarios y experiencia en la empresa, la política y en la banca.

El sociólogo Felipe Carnicero, encargado de presentar el estudio en una rueda de prensa, afirma que la gente prefiere el hurto discreto en el metro antes que perder el hilo de la noticia del Marca que está leyendo, o desconcentrarse en su partida de Candy Crush. “Los españoles valoran mucho su tiempo”, afirma. “Por tanto, cualquier molestia derivada de un individuo pidiendo dinero se traduce en frustración por interrumpir su tiempo de asueto”, razona.

Los encuestados también han sido claros al preferir “el robo del bolso con fuerza a plena luz del día” a tener que soportar al voluntario de una ONG pidiendo su adhesión a alguna causa solidaria. “Prefiero que me salga un hijo ladrón a que se dedique a esperar a la gente a las puertas de la Fnac con la dichosa carpetita. Se me rompe el corazón sólo de pensarlo”, declara uno de los encuestados.

El estudio ha registrado casos de ladrones que, tras meter la mano en el bolso de alguna señora desprevenida y ver que no tenía absolutamente nada de valor, han acabado poniendo dinero de su bolsillo por lástima.