Antonio Gomerindio, de 45 años y vecino de Zamora, se sometió ayer por la tarde a un chequeo médico y el doctor le prescribió una dieta estricta y le dijo que estaba mórbido. “Dice el doctor que estoy mórbido, como un toro”, sentencia Gomerindio, convencido de que la morbidez es sinónimo de salud y fortaleza.

Antonio, que pesa casi 120 kilos y no llega al metro sesenta y cinco, se burla ahora de su mujer, a la que llama exagerada. “Hay que hacer caso del médico, y si el médico dice que estoy mórbido significa que algo hago bien”, argumenta mientras prepara “una buena merienda para celebrar los resultados médicos”.

“Está tan contento desde que sabe que está mórbido que cualquiera le aclara lo que significa”, comenta la hija mayor del matrimonio.

Antonio no sólo mantiene con orgullo su condición de mórbido sino que además ha empezado a aplicar el adjetivo “mórbido” a todo. “Dice que se siente más mórbido que nunca, que el Real Madrid está en un momento mórbido e incluso se golpea fuerte en la barriga y dice ‘Mira qué morbidez, estoy como un roble'”, explica la esposa de Antonio.

No es la primera vez que Antonio interpreta a su manera la terminología médica. Hace dos meses, otro facultativo le diagnosticó pie de atleta y al día siguiente Antonio acudió a una tienda Decathlon para comprarse un chandal y unas zapatillas de atletismo. “No llegó a estrenarlas porque está mórbido de la hostia”, apunta su hija.