Completamente arrepentidos por el modo en el que han conducido su vida, miles de escépticos de las vacunas, consumidores de homeopatía y pacientes que confían en las terapias naturales recuperan totalmente su fe en la ciencia en el lecho de muerte, según se desprende de un informe publicado hoy por el Instituto Nacional de Estadística. El 90% de las personas que se han pasado su vida jactándose de su desconfianza hacia la medicina occidental acaba pidiendo a gritos y entre lloros que acuda un médico a salvarlos, asegura el estudio.

“Mi padre fue un rebelde de estos temas toda su vida pero al final vio la luz y entró en razón y vio que había una única salvación posible… pero ya era demasiado tarde”, explica la hija de una persona que vio la luz ya en el lecho de muerte. “Al menos murió en paz y reconciliado con su propio diagnóstico y no creyendo en un ‘exceso de humores energéticos’”, apunta.

“Ahora sé que Él se preocupa por mí pese a que yo le he dado la espalda toda mi vida”, explica Antonio, un enfermo terminal de Valladolid en referencia al doctor Martínez, su médico. “Quién me iba a decir que acabaría creyéndome sus cuentos, pero me he puesto completamente en manos de Él”, dice.

Según el informe del INE, la desesperación y la posibilidad de una recuperación milagrosa tras perder toda la esperanza lleva a estas personas a reconciliarse con la ciencia y a volcar su fe en la medicina tradicional, los doctores, los fármacos, el método científico y la recogida empírica de datos.

Los números dicen que tres de cada cuatro escépticos mueren leyendo en voz alta ejemplares de la revista médica “Proceedings of the National Academy of Sciences” y con los dedos fuertemente agarrados a la misma mientras buscan “respuestas”.

Estos conversos acaban rezando varias veces al día de cara al hospital y siendo pacientes modélicos y obedientes a las instrucciones recibidas por el médico.