La compañía de coches compartidos Blablacar preparara su salto a Argentina, donde adaptará su nombre a Blablablablablablablablacar. De este modo, la empresa quiere adaptarse a la realidad argentina para que sus usuarios sientan la aplicación más suya.

Este servicio conecta conductores con pasajeros para viajar en coche compartido y repartir los gastos al tiempo que favorece las relaciones sociales. Sus usuarios destacan las interesantes conversaciones que se generan sobre temas como las políticas medioambientales o las divertidas amenazas cuando tocas el ecualizador de la radio.

Sobre la fecha del inicio de este servicio, el director de Blablablablablablablablacar, Rosauro Pellegrini, afirma que “Ah, el tiempo… El tiempo es relativo, ¿verdad? El tiempo es demasiado lento para los que esperan. Si esperas que te llegue el turno en la sala de espera de urgencias en un hospital, ese tiempo parece interminable, es como si los segundos se ralentizaran y no avanzaran, como si una fuerte carga cogiera las manecillas del segundero y las retuviera más tiempo del debido. En cambio, cuando estás leyendo un libro de esos que te atrapan, el tiempo pasa y no te das cuenta de ello y cuando terminas ese capítulo de vértigo, levantas los ojos del libro y te das cuenta de que ya es noche cerrada y que ha pasado la tarde volando sin darte cuenta. Y si estás al lado de una mina, una chica, lindísima, el tiempo parece detenerse. Susurrándole al oído cosas bonitas, como ‘¿Vos existís o yo te estoy inventando?’, o ‘Dejaré de volar el día que aterrices en mi vida’. Aaaah, las mujeres… Bellas. Bellísimas. Las muchachas, junto al mate, lo mejor que inventó Dios. Bien, y Maradona. Qué bárbaro, Maradona… Como dijo el poeta, ‘Carga una cruz en los hombros por ser el mejor, por no venderse jamás al poder enfrentó. Curiosa debilidad, si Jesús tropezó, por qué él no habría de hacerlo’. Mirá, yo por Maradona haría cualquier locura. Me haría vegetariano. Aaah, riquísima la carne… Tira de asado, el vacío, el matambre, entraña, colita de cuadril, pechito de ternera deshuesado… Mi vieja cocinaba como una diosa… Te volvía loco con sus bifes. Hasta le hizo perder la cabeza a mi psicoanalista…”.

“¿Viste?”, ha añadido.