La unidad del dolor del Hospital de Triana ha conseguido crear un analgésico que rebaja el dolor por el cual gritan los cantaores. Se trata de un compuesto que calma al duende flamenco y que evita que se cante desde las entrañas.

El medicamento se ha elaborado pensando expresamente en este sector, muy castigado por el dolor del alma. Poco se sabe de su composición, sólo que las píldoras tienen “mucho arte”, según el director del proyecto.

Una vez liberados de esa pena tan honda, los cantaores han podido retomar sus trabajos previos a que les entrara el duende. “Estoy encantado de volver a mis labores como API inmobiliario”, afirma Gazpachito de Utrera, ahora rebautizado como Jose.

Para corroborar su eficacia, durante seis meses se realizaron pruebas a diversos cantaores voluntarios. A la mitad de ellos le dieron el analgésico, y a la otra mitad un placebo homeopático. Los resultados fueron asombrosos: el 100% de los artistas que tomaron el medicamento real dejó de proferir su característico quejío. “De repente, pese a ser gitano y venir a tu casamiento, no veo motivos para partirme la camisa”, confesó Shipironsito de Cádiz, uno de los voluntarios.

La vida de los cantaores podría mejorar notablemente. Según los médicos que hicieron el estudio, presentado esta mañana, muchos de los pacientes volvieron a sonreír. El famoso cantante Prepucito de Jerez, uno de los máximos exponentes del quejío flamenco, incluso bromeó con la enfermera con un celebrado “Niña, dame unas pastillas de esas pal quejío, que se las daré a mi suegra”.

Los flamencos rehabilitados podrán llevar una vida normal, aunque los doctores recomiendan que intenten alejarse del salero todo lo posible.