El último tren español que partió en 2016 ha llegado hoy a su destino apenas 12 días después. Se trata del Cercanías que une L’Hospitalet de Llobregat con Mataró, en Barcelona. Los usuarios que iniciaron este trayecto de apenas 40 kilómetros podrán, por fin, felicitar el año a sus familiares y amigos.

Renfe atribuye el retraso a una avería de la máquina, que precisó el envío de una pieza de Alemania. “Mandamos un tren a buscarla desde L’Hospitalet”, afirma Eduardo Tomelloso, portavoz de la compañía. “Pero no caímos en que, claro, el cercanías averiado bloqueaba el paso hacia Alemania, así que enviamos un tercer convoy”, agrega. Sin embargo, los recortes han obligado a retirar todas las brújulas de los trenes y el maquinista se fue en dirección Murcia.

Una vez llegó la pieza en helicóptero, un descuido de un operario de Renfe que daba indicaciones para el aterrizaje provocó que las aspas del aparato se enrollaran con la catenaria, ocasionando cortes de electricidad importantes.

Tras reparar la avería, un grupo de linces ibéricos, raramente presentes en la costa catalana, decidió formar su hogar en medio de las vías. El maquinista bajó a espantarlos abriendo y cerrando un paraguas, pero los animales decidieron acabar con su vida. El sindicato de maquinistas, muy poderoso en el sector, contempla tres días de vacaciones cuando uno de sus afiliados muere por el ataque de cualquier felino carnívoro de la familia “felidae”.

Finalmente, el tren pudo reemprender su marcha, aunque un error humano lo hizo circular en dirección contraria, impactando con el tren que había ido dirección Murcia cuando el maquinista por fin se dio cuenta del fallo de orientación.

Mientras tanto, en la estación de Mataró, los familiares de los pasajeros empezaban a impacientarse tras ocho días de espera. “Ya salí de casa seis días después”, lamentaba la novia de uno de los viajeros. “Pero esto pasa de castaño a oscuro”, dice.

Cuando el convoy llegó a su destino, las muestras de alegría inundaron el andén. Una abuela lloraba al reencontrarse con su nieta. Un padre miraba con sospecha a un joven que afirmaba ser su hijo y que había pegado el estirón en el trayecto. El chico, Jordi, debía estar en casa el 31 antes de las once de la noche pero, como cumplió la mayoría de edad a bordo, su progenitor no pudo castigarle.

Aunque la web de Renfe, cuando funciona, indica que la duración del recorrido es de 55 minutos, los pasajeros saben que se trata de un tiempo orientativo. Prueba de ello es el equipaje que llevaban consigo: desde provisiones como latas de conservas o gallinas hasta una televisión de plasma de 42 pulgadas. “Sabíamos que Gran Hermano VIP empezaba el 10 de enero, así que nos trajimos la tele por si pasaba lo peor”, afirma Carles Bartomeu.

Rosenda Chamorro, de 89 años, agradecía el gesto de Bartomeu. “Suerte de la HBO”, explica. “Al fin he podido ver The Wire, que mis amigas decían que estaba tan y tan bien”, celebra.

El primer tren del nuevo año se espera que salga mañana por la mañana si Renfe logra resolver unos problemas técnicos que surgieron el 1 de enero.