Los altos estamentos del Gobierno de los Estados Unidos y la población norteamericana han acordado fingir ante el presidente Donald Trump la construcción de un muro en la frontera con México, un proyecto que al mandatario se le ha metido en la cabeza y que parece ser muy importante para él. “La idea es un despropósito pero no tiene sentido argumentar con él, vamos a hacer ver que hay un muro y él nunca se molestará en ir a comprobarlo”, explicaba ayer un portavoz de la Casa Blanca.

“Si le mostramos fotos retocadas donde se vea a gente levantando un muro y le decimos que es el muro que él quiere, en su cabeza esto será un hecho”, argumentan los asesores del gabinete de Trump, muy acostumbrados a manejar este tipo de estrategias y fervientes defensores del concepto de “posverdad”.

En un comunicado hecho a escondidas de Donald Trump -quien se encuentra muy atareado junto a los responsables del Departamento de Seguridad Nacional, que hacen ver que toman nota de todas sus directrices-, el gabinete del presidente ha agradecido la comprensión de los norteamericanos pero sobre todo la del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, que se ha comprometido a colaborar en la farsa mostrándose inquieto y preocupado por la construcción del muro.

“UNA NACIÓN SIN FRONTERAS NO ES UNA NACIÓN”, sentenciaba ayer Donald Trump, claramente ilusionado. “EMPEZANDO HOY, ESTADOS UNIDOS VOLVERÁ A TENER CONTROL DE SUS FRONTERAS”, prometía mientras los habitantes de Estados Unidos asentían en bloque con la cabeza e intercambiaban gestos de complicidad entre ellos.

Un portavoz de Seguridad Nacional comparecía esta mañana ante la ciudadanía para confirmar que el presidente “ya se ha quedado tranquilo con el tema del muro”. Su nueva obsesión es ahora recuperar las torturas para la lucha contra el terrorismo. “En fin, ya sabemos todos lo que hay que hacer”, ha dicho el portavoz con resignación. Luego, ha explicado el nuevo protocolo para los interrogatorios: los agentes y los interrogados harán mucho ruido dentro de las salas de interrogatorio y, de vez en cuando, saldrá el agente cubierto de sangre falsa diciendo “ese mamón es duro de pelar, pero acabará cantando”.

“Es fundamental que él esté satisfecho y que nos deje trabajar”, recalcan desde la Casa Blanca, que insisten en que la situación está bajo control.