Los sacos de boxeo han emitido un comunicado avisando de que no van a tolerar ni una agresión más y que a partir de ahora devolverán todos los golpes que reciban.

La noticia se ha recibido con sorpresa y preocupación en los gimnasios españoles y, aunque muchos boxeadores han procurado razonar con ellos, cualquier intento de diálogo ha caído en saco roto. “Ahora quieren hablar, pero hay gente que iba a hacer daño”, protesta un saco Spalding con la piel sintética llena de cicatrices. “Yo ya me he cansado de ser el puto Gandhi del gimnasio, al próximo que me toque lo reviento”, asegura.

“La situación es peligrosa, los que ya se han revelado pegan muy fuerte tras tantos años de rabia contenida”, alertan los expertos. Muchos sacos no perdonan los numerosos abusos recibidos por parte de los humanos durante todo este tiempo. “Aunque no me defendía, muchas veces me cogían por atrás para que no me moviera. Hay que ser muy cobarde para ir dos contra uno”, denuncia un saco de plástico Everlast.

Desde la asociación de gimnasios españoles preocupa que esta iniciativa se vaya expandiendo a otro tipo de elementos de entrenamiento; sin ir más lejos, la semana pasada una ternera congelada mordió a un boxeador que se entrenaba dando puñetazos en la cámara frigorífica de una carnicería.