Jerome Cambrils, obeso mórbido fallecido ayer en Seattle a los 43 años, se ha quedado atrancado en el túnel de la luz al final del túnel, tapando la salida y sumiendo el trayecto en la total oscuridad. “Hay cientos de almas haciendo cola, es un caos”, confirmaba esta mañana la curia vaticana.

Desde esta madrugada, se han interrumpido los fallecimientos y ya son más de dos millones los enfermos que agonizan a la espera de que el tapón se diluya. “El túnel se diseñó cuando el sobrepeso entre la población no alcanzaba los niveles de hoy en día”, argumenta el padre Almunia, teólogo del Vaticano.

“Te pasas la vejez haciendo cola en la Seguridad Social y esperas que, al morir, el sufrimiento termine. Y ahora resulta que al otro lado te espera otra cola igual o peor”, lamenta uno de los afectados, que ha pedido que le induzcan un coma “hasta que el puto gordo avance”.

Aunque la Santa Sede cree que el fallecido acabará cediendo a la presión de los muertos que empujan detrás de él, no sabe concretar cuánto tiempo estará bloqueada la travesía que conecta el mundo de los vivos con el de los muertos.

“Antes con la barca que cruzaba el río era peor. Los gordos se movían, la barca se tambaleaba, volcaba y los muertos se ahogaban”, añade el teólogo.