Julio Lozano, madrileño de 58 años, ha llenado de cerveza un contenedor de vidrio que robó de la calle con el fin de no tener que reciclar más botellines y ahorrarse viajes. “Conserva el frío muy bien, al menos durante las cuatro horas que tardo yo en beberme con esta pajita los más de 300 litros que caben dentro”, asegura.

La idea de Lozano está ocasionando molestias y preocupación a sus familiares. “Yo no puedo vivir con un botellón así en el salón”, se queja su esposa Amparo.

Como Lozano no le hacía caso, Amparo ha acabado recurriendo a la empresa Ecovidrio, propietaria del contenedor. “Que le expliquen que esto es para reciclar vidrio, no para beber de él directamente”, reclama.

La empresa ha recuperado el contenedor y ha regalado a Lozano varios miniglús para facilitar el reciclaje de vidrio en casa sin tener que tomar medidas extremas y molestas.

“Me encantan estos miniiglús porque puedes meter hielo dentro y mantener fríos los botellines. Además, al miniglú lo puedes llevar en brazos por la calle sin dejar de beber con la pajita”, dice Lozano, que considera que “estos trastos son el invento del siglo”.