La dirección de Televisión Española tuvo que echar por la fuerza hace dos días a los cantantes Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Víctor Manuel del plató donde se grababan imágenes del reencuentro de la primera edición de Operación Triunfo. Los componentes del grupo “El Gusto Es Nuestro” opusieron toda la resistencia que pueden ofrecer cuatro jubilados. Sólo bastaron dos empujones y la promesa de regalarles un paraguas gratis con el logotipo de la cadena.

Sin embargo, los cuatro infiltrados estuvieron cerca de dos horas en la grabación hasta que alguien se dio cuenta de que no eran ex concursantes. “Hay muchos triunfitos que no recordaba”, admitió el director del espacio, Román Cabezas. “Si me dices que había ocho infiltrados más, me lo creería. Además, todos estábamos pendientes de Bisbal y Chenoa, no nos fijamos en el resto”, agrega.

Precisamente, Miguel Ríos tuvo un momento muy íntimo con Chenoa. Tras la frialdad con la que Bisbal le saludó, el intérprete de Bienvenidos se acercó a la cantante y le dijo: “Tía, no te ralles, no te merece”. La mallorquina le abrazó y le dijo entre lágrimas “Gracias, Javián”.

Otro de los momentos más simpáticos de este suceso fue cuando Bustamante interpretó una íntima versión de Danza Kuduro al piano. Para ello, cogió a Serrat por la mano y le invitó a cantar con él, con un dulce “Geno, mi Geno… ¡Canta conmigo, preciosa!”. El resto de concursantes no pareció darse cuenta del error, ya que aplaudieron el gesto emocionados, especialmente la auténtica Geno, que susurró a Manu Tenorio un sentido “¡Qué caballero es David!”.

Pero el pastel se descubrió cuando los ex triunfitos recordaron cómo vivieron su paso por el programa. Cuando llegó el turno de Ana Belén, a quien presentaron como la concursante Charo, empezó a explicar anécdotas de la Transición, y de lo guapo que era Felipe González. Los chicos de la academia, al detectar que se estaba hablando de política, entraron en pánico, gritando y escondiéndose detrás de Rosa López.

El equipo de seguridad entró para expulsar a los cuatro veteranos, acusándolos de no pertenecer a ese programa. También intentaron llevarse a Juan Camus, pero tras revisar todas las galas de Operación Triunfo, los responsables decidieron que les sonaba y que, por tanto, podía quedarse.

Dos horas después, alguien se percató de la presencia de Joaquín Sabina, quien, dormido al calor de los focos, fue confundido en todo momento por un funcionario del Ente público.