El hábito de mentir con la edad se ha convertido en el principal freno de la esperanza de vida en los países desarrollados. Lo confirma un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) difundido esta mañana y en el que se advierte de una realidad alarmante: cada vez son más las personas de sesenta años que fallecen a los cincuenta.

Según las Estadísticas Sanitarias Mundiales (“World Health Statistics: Monitoring Health for the SDGs”), desde el año 2000 la esperanza de vida había registrado avances espectaculares pero, en los últimos cinco años, la población ha optado por quitarse años deliberadamente y el número de personas que fallecen a una edad más temprana de la que les correspondería se ha disparado.

“El mundo ha avanzado a grandes pasos en la reducción del sufrimiento innecesario y las muertes prematuras a causa de enfermedades que pueden prevenirse y tratarse”, señala la doctora Margaret Chan, Directora General de la OMS. “Pero la cobertura sanitaria universal no ha logrado erradicar una patología cada vez más extendida: la coquetería”, sentencia la experta.

La organización considera que la práctica de quitarse años -que en muchos casos se manifiesta tímidamente, restando uno o dos años a la edad real, pero pronto acaba reduciéndola en diez años o más- trasciende el ámbito sanitario y se convierte en una epidemia de alcance social. “La obsesión por prolongar la juventud nos lleva a morir cada vez más jóvenes”, reitera Chan.

En el informe se indica que los recién nacidos de 29 países -todos ellos de ingresos altos- tienen una esperanza media de vida igual o inferior a 40 años, mientras que los recién nacidos de otros 22 países -todos ellos en el África subsahariana- tienen una esperanza de vida de 60 años. “Unos mueren por mentir y los otros por enfermedades, pero el resultado es que África está adelantando al resto de países en materia de esperanza de vida”, explica la OMS.

Paradójicamente, mientras se reduce el número de ancianos en la sociedad occidental, aumentan los gastos generados por la población más anciana. “Cada vez hay gente más joven en los geriátricos aquejada de dolencias propias de personas mucho mayores”, reza el informe. “Mueren cada vez más jóvenes pero tardan cada vez más años en morir”, concluye el estudio.