Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid confirma que los taxistas que escuchan la COPE circulan un 40% más rápido. La voz de Carlos Herrera, en concreto, dispara la secreción de epinefrina e hidrocortisona de los conductores, aumentando el ritmo cardiaco hasta un 60%. El resultado: una conducción más veloz y trayectos muy cortos.

Las características del cliente también influyen en la respuesta del taxista. Combinando la programación de la COPE con la presencia de un pasajero catalán, un taxi puede cruzar la ciudad de Madrid en 7’5 minutos, acelerando de 0 a 100 kilómetros por hora en menos de cuatro segundos aunque el automóvil ni siquiera tenga la potencia necesaria.

La Federación Profesional del Taxi reconoce que el dopaje mediante escuchas de “Herrera en la COPE” o “El partidazo” es una práctica común incluso entre aquellos conductores que preferirían escuchar otras cadenas. “A los taxistas que no son afines a la emisora, la exposición a su programación les provoca mayores concentraciones de adrenalina y cortisol en la sangre”, apunta el estudio. “El taxista lo pasa mal y se expone a sufrir patologías cardiacas pero a cambio ofrece el mejor servicio”, añade. La Federación insiste en que el dopaje radiofónico “está totalmente desaconsejado y es un peligro para el ejercicio de la profesión”.

“Cuando tengo mucha prisa me subo a un taxi con la COPE, pero sólo si no hay más remedio. Es duro verles con esos temblores, sufriendo de esta manera. No me parece ético y creo que la culpa es también de los clientes, que sólo pensamos en llegar lo antes posible sin importarnos las consecuencias”, explica un usuario del País Vasco. “Sé que si saco el tema de ETA me planto en el aeropuerto de Barajas en dos minutos, pero creo que no merece la pena provocar tanto sufrimiento al taxista”, añade.

La investigación contrasta estos datos con los taxistas que escuchan Radio Clásica. La emisora de RNE potencia la dopamina, reduce sustancialmente el flujo sanguíneo y en algunos casos provoca somnolencia y largas pausas antes de arrancar cuando el semáforo se pone en verde. “Caen en un estado parecido a la muerte clínica y no reaccionan hasta que el coche se queda sin batería y el ruido de la calle los despierta”, explica el informe.