Los estudiantes que participen en el Programa Erasmus y no se hayan acostado con nadie las primeras dos semanas de permanencia en su país de acogida perderán la beca y deberán regresar a sus facultades de origen. Lo ha confirmado esta mañana el secretario general de Universidades del Ministerio de Educación, Jorge Sainz, que reconoce que estas ayudas son en muchos casos “una excusa para hacer turismo cultural en vez de favorecer un intercambio real con extranjeros borrachos”.

Aunque la Unión Europea calcula que las parejas surgidas en estos intercambios estudiantiles supera ya el millón, señala a los españoles como los becados menos activos sexualmente. “Se ha desplomado el número de embarazos, de los cuales muchos son incluso deseados”, lamenta Sainz.

El Ministerio de Educación atribuye la situación al hecho de que los jóvenes españoles prefieren acostarse en su propio país con los estudiantes de Erasmus que vienen de fuera -unos 40.000 en el último año-. “El follador español es cada vez más sedentario, y el estudiante inquieto que viaja fuera no es capaz de imponerse ante la competencia de los italianos o los ingleses”, argumenta el secretario general. “En vez de gastárselo todo en alcohol, se distraen con el alquiler y los desplazamientos y luego no les da para emborracharse lo suficiente”, añade.

“Mi padre me llama cada día para preguntarme si he follado ya. Tengo que mentir porque la verdad es que no he ido más allá de frotarme un poco con un alemán que estaba semiinconsciente”, confiesa Laura B., una estudiante madrileña de Erasmus en Berlín. “Luego vino una zorra belga y se lo acabó tirando. Me faltaron reflejos”, admite.

Durante el mes de septiembre, la demanda de sexo entre los estudiantes de Erasmus aumenta un 300%, por lo que la oferta resulta insuficiente y sólo los más preparados logran su objetivo en la primera fase de la beca. Por ello, se quiere aumentar la presión de los alumnos “y motivarlos para que se acuesten con quien sea aunque el motivo sea exclusivamente económico”.