Ciento cincuenta y ocho años después, la Madre de Dios reapareció de nuevo en la población francesa de Lourdes, a la vista de centenares de fieles. La sorpresa fue doble, ya que la Virgen se ha retocado la nariz y los pómulos, mostrándose prácticamente irreconocible.

La aparición tuvo lugar ayer a media tarde y en un principio pasó desapercibida. María tuvo que toser varias veces para llamar la atención. Testigos afirman que incluso llegó a increpar a los fieles con un seco “¿Qué pasa? ¿Que no se ha aparecido nadie aquí, o qué?”.

El revuelo fue inmediato. Decenas de personas se hacían “selfies” con la Madre de Dios, que apenas se movió de delante de un “photocall” patrocinado por Cartier. Según un señor que estaba presente, una minusválida se levantó de la silla de ruedas mientras la muchedumbre gritaba “¡Milagro! ¡Milagro!”. Pero, según relatan las fuentes, la recién sanada no se mostraba tan positiva. Se acercó a la aparición y le dijo: “Has perdido expresividad, María. Si tú siempre has sido muy guapa”. Visiblemente molesta, la Virgen chasqueó los dedos y la señora cayó a plomo. Sus piernas volvían a no responder. Desde el suelo, la mujer aún pudo decir que “no hay nada malo en asumir la edad”, y que muchas mujeres siguen bellas aun teniendo arrugas. Instantes después, fallecía abruptamente.

María anunció a la muchedumbre de fieles que “en tres días y tres noches aparecerá en todo el mundo una colección de relojes diseñada por mí”, y emplazó a sus seguidores a adquirir un ejemplar en El Corte Inglés.

Aunque advirtió de que no iba a responder preguntas, varios testigos aseguran que “un niño gordito de siete años que estaba acreditado como periodista de Vanitatis le preguntó si se había hecho algún retoque en la cara”. La madre de Jesús de Nazaret, irritada, cargó contra los medios acusándolos de “destructores”. Entonces, desapareció sin dejar rastro, ante la atónita mirada de los congregados.

Entre los testigos, división de opiniones. Jacinta Anniston, de Almería, opinaba que “se le había ido la mano con el bótox”. Antes de irse, enfadada, añadió que “lo poquito agrada y lo mucho enfada”. En el bando de opinión opuesta, Fernando Castillo, de Segovia, decía que “a mí me parece bien. Si ella está contenta, cada uno con su cuerpo que haga lo que quiera”.

Otros se mostraban terriblemente enfadados, como los propietarios de tiendas de suvenires, que ahora tendrán que tirar a la basura todo el merchandising y fabricar objetos con la cara nueva de la Virgen.