Desplazarse a ritmo de samba mediante la rúa carnavalera del músico Carlinhos Brown ya es el principal método de transporte en las grandes ciudades de Brasil. En São Paulo, la urbe más poblada, hace tiempo que los ciudadanos optaron por abandonar sus coches, hartos de verse rodeados por una cola de más de 400.000 personas con trompetas, trombones, saxos, guitarras, “surdes de meios”, “timbaus” y “bacaurinhas”.

“Estamos hartos de los dichosos tambores pero tiene el país tomado, o te unes a él o estás perdido”, explica el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes. “Los semáforos no valen para nada, los de la rúa los arrancan y los usan para golpear timbales”, añade.

Lejos de ser un evento festivo, la rúa se ha convertido prácticamente en la única opción para desplazarse en Brasil. “Es un ruidoso río de gente al que tienes que añadirte para ir de un lado a otro. Ya hay más gente en la rúa que fuera de ella”, declara un concejal de transporte y urbanismo de Bahía, donde nació Carlinhos Brown y donde se cree que se encuentra la cabeza de la rúa, aunque ni siquiera las instantáneas tomadas por los satélites ayudan a determinar el principio y el fin de la aglomeración festiva.

“Nadie goza con esto, sólo él. Ves a la gente tocar la trompeta entre sollozos, deseando llegar a casa y aislarse del ruido”, reconoce Paes. “Cuando vas camino al trabajo un lunes por la mañana no estás alegre, no necesitas tambores, pero la rúa es lo único que avanza en la calle, toca aguantarse y sumarse al entusiasmo de este señor”, añade el alcalde, advirtiendo de que, si la comunidad internacional no actúa, la rúa pronto se extenderá a otras regiones.

En España, concretamente en Pamplona, ocurre un fenómeno similar. Desde 2006, huir de toros bravos por calles estrechas es el método de transporte más popular entre la gente, superando incluso al autobús. En algunos pueblos, la tradición de arrojarse de lo alto de un campanario sustituye al ascensor porque ahorra tiempo y electricidad.