Precios abusivos, cantidades que no se ajustan al estado del inmueble o épocas en las que apretarse el cinturón se convierte en una obligación. Cualquiera de los tres motivos puede llevarnos a pedir a nuestro casero que nos rebaje el alquiler, una situación nada cómoda pero que puede resultar más sencilla si no cometemos los errores más comunes que pueden hacer que el trámite no llegue a buen puerto.

Descubre con nosotros las frases que no has de decir si quieres que tu casero baje el alquiler.

– “¿Para qué quiere tanto dinero? Si siempre comentamos los del piso que se ve a la legua que le quedan a usted dos telediarios”.

– “Si me lo baja me hace un favor porque, ni habiendo vendido el cobre y las tuberías de todo el piso, me llega para pagarle”.

– “Queremos subarrendar a alguien de forma clandestina y, aún repartiendo el alquiler, al tipo le parece caro”.

– “Necesito ahorrar para pagar la fianza del piso al que me mudo en dos meses”.

– “Es que no creo en el intercambio monetario que nos impone la sociedad de consumo”.

– “Me lo baja usted por mis santos cojones”.

– “Como se me quemó el piso, me da no se qué seguir pagándole 700 euros. No está en condiciones para ser habitado”.

– “Escúcheme bien, gonorrea. O me baja el alquiler o le pongo a chupar gladiolos a toda su malparida familia. Va a haber un baño de sangre bien berraco. Plata o plomo hijueputa”.

– “Mire, que soy Pedro Sánchez. No sé si habrá visto usted las noticias últimamente…”.

– “¿Me podría bajar el alquiler, por favor?”.