Andrés Flórez, administrativo en paro, ha decidido incluir en su curriculum vitae sus más de diez años de experiencia ejerciendo de “personal shopper”. Aunque hasta hace poco desconocía la existencia de esta expresión de origen anglosajón, Flórez ha descubierto que “lo que yo hacía como un favor y porque no me quedaba más remedio es en realidad una profesión digna y hay gente que gana dinero con ella en vez de perderlo como hacía yo”.

“No sabe de moda, no sé qué dice”, replicaba esta mañana la esposa de Flórez, que insiste en que su marido debería buscar trabajo de lo suyo “y no poner tonterías en el curriculum”. Ajeno a las críticas, el hombre ha decidido “emprender por mi cuenta” y ya se ha ofrecido a su suegra y a tres vecinas del inmueble en el que reside. “Soy discreto, no protesto, aguanto los bolsos que haga falta y si algo te queda muy mal yo te lo digo”, argumenta.

Pese a que su mujer y varias de sus amigas critican que Andrés quiera vender como un trabajo algo que “toda la vida ha sido gratis, faltaría más”, otros muchos ven en la iniciativa de este “personal shopper” una verdadera oportunidad de negocio. “Tenemos que organizarnos, montar un sindicato, pactar unas tarifas y dejar de aguantar bolsos gratis y de regalar nuestra fuerza de trabajo”, declara un amigo de Flórez que está valorando muy seriamente dedicarse a esperar en los probadores de los centros comerciales a cambio de un sueldo digno.

“¿Llevar a los niños al colegio no tiene un nombre en inglés?”, preguntaba esta mañana Flórez, esforzándose en examinar todas las actividades que hace a lo largo del día “no vaya a ser que esté ejerciendo más profesiones gratis sin enterarme”.